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Acabados y su contraste

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24 Oct 2018

Hablar de contraste es hablar de diferencia. Dentro de la arquitectura contemporánea esta idea de diferencia se emplea de diversas formas y en varios niveles. Por un lado, podemos generar balance o definición de las formas en el espacio por medio de la diferencia, ya sea por la geometría o la posición de éstas en el espacio. Sobre esta misma idea, si tenemos una superficie horizontal infinita, el hecho de que se disponga un elemento vertical sobre ella hace que se defina un espacio; esto debido a que nuestra mente identifica una presencia o perturbación en la horizontalidad de la superficie donde, de igual manera, se genera una pausa o discontinuidad en la lectura que hacemos del espacio. Es en el entendimiento de este fenómeno donde la idea de contraste adquiere su importancia; en la manera en cómo leemos, entendemos, percibimos y experimentamos el espacio. 

Hablar de contraste también es hablar de identidad. Entre mayor el contraste, la definición de las cosas es más clara y específica, y por lo tanto, se genera una distinción en el espacio por su diferenciación. Esta lógica de lo opuesto se lleva a cabo por medio del contraste; ahora bien, si llevamos esto al mundo de la arquitectura, y quizás un poco más específico al apartado de los acabados, esto se convierte en algo fundamental y transcendental para la experiencia del usuario. 

Lo que hoy en día se denomina como arquitectura contemporánea, en términos generales, hace una referencia a la composición muy marcada de volúmenes o planos ortogonales dispuestos en direcciones o sentidos opuestos. Se hace un énfasis en la línea que marca esta distinción, dígase el vértice. Por ejemplo, cuando un plano horizontal se interrumpe con un plano vertical, en otras palabras, cuando un piso hace contacto con un muro. Como mencionamos, esta distinción es clara por la presencia del vértice, ya que es el momento cuando una superficie cambia de sentido, de horizontal a vertical. Ahora, este cambio se enfatiza cuando se emplea un acabado contrastante en alguna de las dos superficies, cuando una es blanca y la otra negra. 

Aunque podemos decir que esta estrategia o técnica espacial no es nueva, sí podemos afirmar que, dentro del pensamiento contemporáneo, se dispone cada vez más del empleo de acabados contrastantes, tanto en su color o tonalidad, como en su textura. Esto en el sentido en el que puedan marcar con mucho mayor definición el plano, dígase, que el piso contraste con el muro y el muro contraste con el techo. Como ya resaltamos, quizás esto no es nuevo, pero la tendencia actual se concentra en enfatizar esta diferenciación en los planos. 

Seleccionar acabados que intensifiquen la distinción entre los mismos es en sí un acto de reconocimiento y de distinción. Lo que ocurre es que la o las superficies en cuestión se reconocen mutuamente o se les permite diferenciarse una de la otra y actuar de manera protagónica, acentuando y potencializando la experiencia espacial del usuario. 

La primera y última impresión de un espacio recae en dos aspectos intrínsecos: los planos que definen un volumen o espacio y la selección con la que se recubren o envuelven estos, dígase el acabado. Así como el mundo está lleno de contrastes, el espacio se define en la diferenciación que genera distinción y memoria.   

Por:  Marcelo A. Espinosa Martínez Arquitecto

Arquitecto por el ITESM Campus Monterrey, México. Doctor en Teoría de la Arquitectura por el Architectural Association en Londres, Inglaterra. Maestría en Diseño Arquitectónico y Urbano en el Architectural Association en Londres (DRL 99’) y Maestría en Arquitectura y Cultura Urbana en la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC) Ha publicado en diversos periódicos y revistas especializadas en Arquitectura en México y Argentina.Director Editorial de la revista –Arquitectura y Seres Urbanos- del Colegio de Arquitectos de Nuevo León. 

Director fundador de MEspinosa Estudio de Arquitectura (Monterrey, Mx.)